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20-11-2008

Los años desnudos. Clasificada S - Crítica por Tomás Díaz
Sáb, 10/18/2008 - 22:03 — TravisBickle
 



Tendrá
esta excelente película la desfortuna de sufrir una condena popular
guiada por el tópico y la mala baba. Se cebarán sobre ella juicios
ignorantes centrados en un equívoco cartel, o en lo discutible de
contar con un personaje tan connotado como Mar Flores como punta de
lanza. Recibirá la esquiva arrogancia del que ignora el cine patrio, y
que ahora se acomodará en su estúpido rechazo con más razón (si cabe)
que otras veces. Pero el tiempo (espero) dictará su justa sentencia
hasta elevar la nueva obra del tándem Dunia Ayaso/Félix Sabroso como
uno de los más inteligentes, lúcidos y descorazonadores diagnósticos de
nuestra sociedad, ésa que andaba en pañales allá cuando los rayos de un
tiempo nuevo bañaban las tinieblas de este santo país.

Porque
tiene mucho de radiografía histórica LOS AÑOS DESNUDOS. CLASIFICADA
"S", pero hace y cuenta la pequeña historia de un grupo de
individualidades para hablarnos de la gran épica de todo un país en
trance. Cine que nos habla de un cine y de un tiempo de cambios. El
denostado paréntesis artístico que inauguraba nuevos modos de
expresión, el insólito renacer de nuestra España posfranquista visto
desde la óptica de tres chicas (mujeres, como se encarga de apostillar
Goya Toledo) aspirantes a un mismo sueño de triunfo y libertad. En pos
de la estela que dejó el magnífico debut de Pablo Berger, TORREMOLINOS
73, esta fábula agridulce destila buen cine a borbotones.

Bueno
por sumar a su irreprochable factura uno de los cantos de humanidad que
a este cronista venía haciéndole falta desde hace meses, más si
recordamos la catatónica bandeja de estrenos nacionales. Bueno y digno
por hacer análisis sin enfangarse en lo discursivo, por elaborar un
retrato generacional armado de sutileza, candidez y aroma melancólico
sin la peste de lo rancio. Ejemplo de cine soberbio, memorable por
pincelar las ilusiones y los fracasos de tres actrices del destape
incrustando sus vaivenes emocionales, familiares y sexuales en mitad
del entorno social en tránsito. La inteligencia, el ácido sentido
crítico, el diálogo cáustico y una ternura que esquiva la
condescendencia acaban moldeando un relato más profundo y conmovedor de
lo que ojos (aún más, actitudes) simplistas puedan presuponer.

 
 


 

Mucho
han evolucionado los directores a nivel técnico desde aquel exabrupto
vodevilesco, un punto casposo, rociado con gotas de thriller de corrala
cañí (PERDONA, BONITA, PERO LUCAS ME QUERÍA A MÍ). Su última pieza de
arquitectura tragicómica, DESCONGÉLATE, se tiznaba de azabache en una
reelaboración del género negro con flecos de ironía gamberra muy de
barrio, el desenfado y lo grotesco empañando una intriga criminal tan
irregular como atractiva. Pero la experiencia, o será la pulsión
creativa, ha hecho que esos cimientos de amargura sirvan para erigir
aquí su película más redonda, donde las aristas dramáticas quedan al
recaudo de una lima afilada y mordaz. Las formas, de nostálgica belleza
y precisión, enmarcan la astucia del fondo narrativo cuidado al
detalle, ajeno al despropósito o la salida de tono, un contenido
desolador con personajes dimensionados a golpes de hilaridad y cinismo,
de mirada cálida y respeto, de hondo vitalismo y algún retazo tímido de
piedad en ningún momento ponderada por la mala escritura. Y es que todo
lo que se nos muestra es puro oficio que conquista el más genuino rango
artístico. Este cuento moderno de princesitas despojadas de su
ingenuidad toma el trozo de realidad palpable, cercana y castiza, la
abrillanta con un perfecto engranaje emocional y nos obliga a asumirla
sin la estridencia fácil, haciendo magia desde la crudeza, mitigando la
tristeza, incluso el acento melodramático, a base de talento, la
refinación del gusto adoquinando dramas personales y también
colectivos. Y todo sin que la parodia chabacana, peligrosa como
siempre, enturbie el resultado.

 
 


 

De
lógica cartesiana será apoyarse en los clichés que alimentan esta obra
para crucificarla. Lo insólito y apasionante del guión de Ayaso/Sabroso
es reconvertir ese registro de época fiel hasta la extenuación para
enunciar algo que supera la anécdota. Se nos cuenta el drama con pulso
y sobriedad, y se traza de paso el panorama de moralidad provinciana
que en los últimos años 70 empezaba a resquebrajarse a la búsqueda de
nuevas fronteras. El país progresaba (o tal vez no tanto, como se
encarga de matizar el personaje marica de la función), los gustos se
abrían ante la naciente democracia y tres jóvenes que dejaban de serlo
luchaban por realizarse en todas sus facetas. La sabia disposición del
material narrativo nos hace transitar por sendas de sentimientos en
carne viva, saliendo a nuestro encuentro un estudio sincero de la
amistad entre mujeres, adivinándose por debajo un nada panfletario
esbozo del cenutrio espíritu machista de la época (aún vivito y
coleando, por cierto). A propósito de machos, no hay que olvidar la
perfilada galería de secundarios masculinos en contrapunto perfecto,
encarnación justa del estatus de poder dentro de la industria del cine
como reflejo concreto de una posición social rayana con lo intolerable.

 Quedaría cojo el comentario crítico de una película tan noble como
LOS AÑOS DESNUDOS. CLASIFICADA "S" sin aludir a una actriz prodigiosa,
la tercera en la terna y, a mi gusto, la más brillante. Candela Peña
siempre será lo mejor de las historias en las que intervenga, incluida
ésta, de por sí muestrario de excelencias. La menuda actriz catalana
hincha de aplomo y calor cada línea de diálogo, su mirada fresca, el
gesto vivo gobierna cada plano y seduce a pellizcos de rabia y
cercanía, de vida siempre latente. Tal vez no hubiera nadie más
ajustado para un papel bombón como la dulce y vulnerable Sandra, uno de
los moldes turgentes con las que el cine se rindió a las reglas del
mercadeo. Es ella uno de los objetos de esa etapa de despertares y
legañas que tantas eyaculaciones provocaría entre la barriguda y obtusa
población, afeada aún más por los rigores de la dictadura. Una de las
tres muñecas que avivaron deseos y calentones, quizá el vértice de
mayor enjundia en este agudo catálogo de esperanzas quebradas, de
luchas íntimas por recobrar la autoestima que un mar de miradas babosas
de excitación logró mutilar.

Tomás Díaz - El quimérico inquilino <http://www.ninnystar.blogspot.com/>
Dunia - 18:11h - han entrado 653 veces - comentarios
14-05-2005

Ayer un amigo me preguntó como estaba, preparaba cómo casi siempre, una cena precipitada en la cocina; En cualquier otra ocasión le hubiese contestado automáticamente mientras continuaba con mi labor, pero en una milésima de segundo entendí que no encontraba una contestación, no convencional, para darle.  Realmente no sabía que decir. No lo sabía. ¿Cómo estaba?  Pues haciendo la cena, pelando unas patatas y poniendo agua al fuego para hacer pasta, eso era lo que estaba haciendo y en ese momento ese era también mi único estado anímico reconocible,  finalmente cambié de tema preguntado cómo le iban sus cosas y termine una salsa carbonara.

Hace un par de semanas vino a visitarme mi hermana la pequeña con su nuevo hijito, vino por que se lo supliqué, echaba mucho de menos al bebe y necesitaba verlo

antes de empezar con la vorágine del trabajo y no tener tiempo para nada más. Cuando

se fue contuve el llanto, si me dejo ir, lloro sin parar o me voy tras él. Cómo de costumbre

me reprimí. Hace unos meses tuve un desengaño amoroso que me paralizó emocionalmente, tampoco lloré en esa ocasión. Ahora hay chicos que me llaman y no sé que hacer con lo que me dan,  He comenzado a trabajar veintisiete horas al día. Me organizan reuniones, comidas, etc. Escribo, elijo, selecciono, dudo… tengo todo el tiempo ocupado, llevo el pelo rizado por que alisármelo me cuesta por lo menos una hora… 

Hay días en los que me desahogaría gritar y me ahogo. ¿Cómo estás? dijo. Esa noche intente pensar la respuesta pero me dormí agotada.    

  

 

Dunia - 18:53h - han entrado 1998 veces - comentarios (7)
01-02-2005

Estábamos casi dormidos en el autobús que nos llevaba a Bilbao a pasar el fin de semana con las amigas, cuando sonó el teléfono de Félix. – Hola  soy Juan Luis Iborra y me gustaría que entregaseis un premio en la próxima gala de los Goya.-

Félix espabiló enseguida y se ofreció encantado. Luego colgó y me miró con una cara que a estas alturas ya me es muy familiar, tipo ¡ Qué he hecho!? ¡Le he dicho que sí y estamos gordísimas! Una vez en casa de Arakis un poco más relajados y con unas copas de más Félix rezaba por las esquinas. – Si los dioses existen que me quiten doce kilos en diez días. Las demás agnósticas de la casa reían sin parar. Arakis decía que iba a hacer una canción con esa retahíla. A medida que avanzaba la noche y el colocón, crecía la euforia y el disparate.- ¡Tenéis que pasaros mucho!- Si, si, si,- ¡Decid esta barbaridad¡- ¡Si! Haced esta irreverencia ¡- ¡Y esta otra ¡- ¡¿Qué os vais a poner!? ¡Enseña un pecho tipo Janet Jackson para que se note la llegada de los socialistas a la televisión pública!- Pero claro! Qué arte! ¡Lo voy a hacer! Aseguraba un décimo vino que hablaba por mí sin pudor a altas horas de la madrugada. ¡Antes de acostarnos ya habíamos entregado el Goya, Habíamos adelgazado y habíamos salido guapísimos por la tele.  Los aplausos que habíamos soñado recibir eran directamente proporcionales al resacón que teníamos al día siguiente y que aún retumbaban en nuestra cabeza.  Llegamos a Madrid y nos pusimos manos a la obra. 1ª No comer. ¡Nada! ¡Nunca más!  2ª Urgente  ¡Buscar que ponernos! Tarea difícil, seguíamos igual o más gordos que ayer. Al principio piensas e idealizas lo que te gustaría llevar. Luego aterrizas y piensas ¿Qué diseñador representa la osadía de la que hablábamos la noche anterior?  De repente lo tuve claro. ¡Carlos Diez ¡ Lo llamé y le pedí un traje del que me había enamorado en Cibeles pasado..  Carlos, a pesar de estar liadísimo preparando la próxima colección me atendió como a una reina–  Pásate por el taller y te lo pruebas. Corrí, toqué, me abrió, me lo puse… Y los rezos de Félix dieron resultado! … ¡Me quedaba perfecto!  

Llega el día de la gala. Dos de mis hermanos vienen de canarias para acompañarnos. Pasan las horas y mi casa es un trasiego de gente. Mis nervios crecen.  Otra vez los amigos entregados a la causa, me salvan la vida.  Ivana me peina, David me maquilla, Carlos me llama por si necesito su ayuda, sigue ocupadísimo, aun así, viene a peinarme el pelo del vestido Juanma. David Delfín me envía un abrigo maravilloso que le encargué y Elena Benarroch telefonea  para ofrecerme cualquier cosa que necesite.

Mientras, no paro de recibir mensajes de ánimos. Estoy conmovida pero no tranquila.

Llega un coche a recogernos desde la seis de la tarde. Estamos listos. Histéricos.

Félix prefiere llevarse el traje que sacará en la tele y ponérselo allí. Llegamos al  Palacio de Congresos.

Estoy retocándome el maquillaje junto a Alaska en el baño del recinto cuando de repente escucho unos gritos  que provienen del baño de al lado, parece que es  Félix! ¡Y me llama!  Salgo corriendo! ¡Entro en el baño de chicos - ¡¿Qué pasa? ¿Qué pasa?!– Me he dejado en casa el pantalón del traje. -¡¿Qué hago?! – Déjate el vaquero, le digo aparentando tranquilidad. Félix está blanco y esto me indica el nivel de su estado de nervios. Llamo a mi hermana y soluciono el problema. Aún quedan casi tres horas para salir. ¿Nos bebemos una copa?

¿Y si nos tropezamos en el escenario? No, mejor no. Félix le da al Cava. Por fin ha llegado el momento. Me tiemblan las piernas. Me consuelo pensando que sólo tengo que decir una pequeña frase y que no es para tanto. No me sirve para nada.

Entregamos el premio sin salirnos del guión como nos habían indicado, y nos vamos. Los nervios nos paralizaron.

No fuimos irreverentes, no hicimos esto ni aquello, no enseñé un pecho… ni nada… Y todo por no robarle el protagonismo a Amenabar...¿Habremos defraudado a los amigos? Me pregunté.  No, a los pocos minutos de salir del escenario todos nos llamaban y enviaban mensajes felicitándonos y diciéndonos lo guapos que habíamos salido y lo bien que habíamos estado. Incluyendo la familia que estaba entusiasmada.  Gracias, gracias, gracias  a todos por dejar absolutamente la objetividad a un lado, por ser incondicionales, por tanto ánimo, por tanto arte y por mirarnos con el corazón.  Definitivamente tenía que haberme bebido unos vinos.

   

Dunia - 02:39h - han entrado 2135 veces - comentarios (6)
22-01-2005

He de reconocer que tardo en escribir y ahora sé que es por que en realidad tengo resistencia a exponer mis sentimientos. Félix lleva toda la semana haciéndome ver que en momentos puntuales he estado poco expresiva con los amigos. Y no sé, quizá sea sólo timidez, por que la verdad es que me han hecho sentir cómo un reina.  Así que aprovecho este momento en que abro mi corazón para daros las gracias a todos.  Sé que no hace falta que dé nombres por que ellos saben perfectamente quienes son. Gracias por vuestra entrega y complicidad,  por vuestra generosidad por vuestra alegría y vuestro arte, que es mucho.

Hace tiempo que yo iba por la vida abierta en canal, Y quiero decir, confiada, que os conozco; Incluso discutía con vehemencia - Si alguien te hace daño, tu tienes el deber de seguir creyendo en los demás por que la gente en general es buena-  Y sigo pensando así, el que parece no estar muy en sincronía con mi cabeza es mi corazón o donde demonios se sitúen los sentimientos.

 Creo que lo que me pasa, es que antes sabía ver muy bien con el corazón y ahora miro con la cabeza y según me ha informado él mismo, mí corazón, en algún momento del camino vio algo que no le gusto y dejó de mirar.  Y claro, esto es lo que me ocurre exteriormente, que la cabeza es muy fría y no se expresa con la misma alegría. Y va a ser eso lo que mis amigos añoran de mi expresión histriónica de antaño. Pues nada, quería tranquilizaros y deciros que aunque mi corazón herido orgulloso y terco ande una temporada a tientas por la oscuridad en la que se ha sumido, os siente y os quiere igual, no os preocupéis. Mientras, mi cabeza tratará de entender el irracional mundo de las emociones para guiarlo hacía la luz. Espero que no me vuelvan loca.  Menos mal que los dos tienen mucho sentido del humor y cómo decía mi abuela - Eso es lo que los va a salvar.

 

    

Dunia - 20:09h - han entrado 1899 veces - comentarios (2)
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