Ayer un amigo me preguntó como estaba, preparaba cómo casi siempre, una cena precipitada en la cocina; En cualquier otra ocasión le hubiese contestado automáticamente mientras continuaba con mi labor, pero en una milésima de segundo entendí que no encontraba una contestación, no convencional, para darle. Realmente no sabía que decir. No lo sabía. ¿Cómo estaba? Pues haciendo la cena, pelando unas patatas y poniendo agua al fuego para hacer pasta, eso era lo que estaba haciendo y en ese momento ese era también mi único estado anímico reconocible, finalmente cambié de tema preguntado cómo le iban sus cosas y termine una salsa carbonara.
Hace un par de semanas vino a visitarme mi hermana la pequeña con su nuevo hijito, vino por que se lo supliqué, echaba mucho de menos al bebe y necesitaba verlo
antes de empezar con la vorágine del trabajo y no tener tiempo para nada más. Cuando
se fue contuve el llanto, si me dejo ir, lloro sin parar o me voy tras él. Cómo de costumbre
me reprimí. Hace unos meses tuve un desengaño amoroso que me paralizó emocionalmente, tampoco lloré en esa ocasión. Ahora hay chicos que me llaman y no sé que hacer con lo que me dan, He comenzado a trabajar veintisiete horas al día. Me organizan reuniones, comidas, etc. Escribo, elijo, selecciono, dudo… tengo todo el tiempo ocupado, llevo el pelo rizado por que alisármelo me cuesta por lo menos una hora…
Hay días en los que me desahogaría gritar y me ahogo. ¿Cómo estás? dijo. Esa noche intente pensar la respuesta pero me dormí agotada.